loader
Foto

El quilmeño que propone una monarquía en Argentina

Se llama Mario Santiago Carosini, tiene 58 años y nació en Bernal. Es el presidente del Movimiento Monárquico Argentino.

Fue entrevistado por La Nación y dio a conocer, una vez más, el movimiento que conduce y que, según él, trae la solución a la crisis económica, institucional y social que vive el país.

¿Estamos de acuerdo en que hay un gran problema institucional en el país? ¿Estamos de acuerdo en que gobierno y Estado no son lo mismo? ¿Estamos de acuerdo en que el Estado debe controlar al gobierno? ¿Estamos de acuerdo en que las fuerzas armadas deben depender del Estado? ¿Estamos de acuerdo en que la Justicia debe depender del Estado? Fíjate entonces que eres monárquica, pero todavía no lo sabes”, comenzó.

Para él, se debe separar gobierno de Estado y establecer una monarquía. Fue en 1987 cuando comenzó a tomar fuerza este pensamiento: su padre se cruzó en una discusión con un republicano en un colegio de Solano. "Ese fue el momento inicial. Un debate en el sur del Gran Buenos Aires”, contó. Mario también explicó que su padre era monárquico desde chico porque estudió en un establecimiento con una visión que ya no se enseña, donde los intelectuales afirmaban que José de San Martín, Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi eran monárquicos".

Por eso, a fines de los 80, se entusiasmó y con su padre comenzaron a esbozar un plan. Un movimiento que, según cuenta, refleja la realidad de la sociedad: está integrado por peronistas, radicales, izquierdistas, derechistas, fieles de varias religiones, todos unidos por el sueño de un sistema “que vincule de manera armoniosa gobierno y ciudadanía”.

Por el Movimiento Monárquico Argentino ya pasaron 20.000 personas y hoy en su cuenta de Facebook tiene 2300 seguidores pero, según Mario, participa mucha más gente que no tiene redes. Calcula que hay cerca de un millón de monárquicos en el país y que la mayoría tiene entre 20 y 40 años. Incluso asegura que forjaron vinculos con varios funcionarios del gobierno, del actual y anteriores, aunque se reserva los nombres.

El movimiento se reunirá en noviembre en Córdoba. “Somos una asociación de carácter cultural. Tenemos representaciones en las provincias, nuestra función es docente. Yo no soy monárquico de café, yo bajo al lodo, organizamos ayudas sociales en villas, buscamos juguetes para chicos”, indica y añade: “Nos reunimos en instituciones que nos prestan sus locales. Nos vemos una vez por mes o cada dos meses. Antes nos juntábamos en una pizzería de la Avenida Corrientes”.

Sobre sus objetivos, resaltó: "Terminar con el avasallamiento de los derechos humanos que impulsa la república. Buscamos una monarquía constitucional parlamentaria, un proyecto que yo redacté. Tiene el agregado de constitucional porque mi modelo no es el vigente. Innova en aspectos tecnológicos y también le da a la corona más poder en términos, por ejemplo, de crisis económicas. La idea es que un rey, alguien que no es político, controle al gobierno y no permita los delitos que se dan desde hace tantos años. Los partidos políticos son asociaciones ilícitas. Todo político es un psicópata porque para obtener su cargo tiene que manipular a la gente, mentirle. Tenemos psicópatas manejando nuestras vidas. Y encima con poder absoluto. Y encima con visión de corto plazo, porque solo piensan en la próxima elección. La república representa una involución institucional. El presidente es jefe de Estado y de gobierno al mismo tiempo y esa es la madre de todas las tormentas. El Estado debe controlar al gobierno. La república lo que hace es institucionalizar el descontrol".

Mario está tan convencido que aseguró que así la corrupción desaparecerá y lo justifica con la historia. “Es muy simple. Ve la historia de los últimos cien años en los Países Bajos, en Bélgica, en Japón. No hubo casos de corrupción y, si hubo, no fueron probados. El problema no está en el rey, porque sabe que cuando se corrompe y deja de defender los intereses de sus súbditos pierde el poder”.

Para él, su ejemplo de monarquía es la de Suecia y señaló que Japón y Noruega no tienen costumbres en común y sin embargo comparten sistema. Que seguir así es ir en dirección al totalitarismo porque la república tiende a la dictadura, porque los que nombran a los jueces son los políticos que después van a ser controlados por esos jueces.

Ni castillos ni coronas: cómo es su proyecto

Mario no quiere lujos, su proyecto es austero. Dijo que se trata de manejar fortunas, que una cosa es lo que sucede en el Reino Unido, donde la corona tiene tierras que dan intereses, y que otra es su intención acá. Que la Casa Rosada debería ser la sede del gobierno y la Quinta de Olivos, la de la corona. Y que el financiamiento tendría que provenir del presupuesto: 10 millones de dólares por año serían suficientes y ahorrarían al país los 20 millones que se roban, calcula, con sus habilidades de auditor, cada año. “Y con lo que sobra se pueden bajar impuestos, para que la gente deje de sentirse asfixiada”.

Pidió separar gobierno y Estado pero que los derechos y las garantías de la constitución queden intactos. Sí propone que la segunda parte de la carta magna, la organizativa, deje de ser republicana. También que el gobierno sea electo como siempre y que la monarquía lo sea de la misma forma para así tener una reina o un rey y darle funciones de árbitro y moderador. Una corona, escogida por una asamblea constituyente, conformada por políticos y por el pueblo, quizá con un referéndum”.

Para los candidatos a reina o rey, Mario señaló que hay que mirar hacia los sectores de la sociedad que educan a sus hijos en los mejores colegios porque la tarea es complicada. “Hay familias que preparan desde siempre a sus hijos con formación de estadistas, pueden ser los Habsburgo o la línea de los Borbón-Parma. Ellos están en la Argentina. La idea es contar con personas que tengan el currículum que deben tener: preparación militar, preparación en ciencias políticas, preparación en ciencias económicas, preparación en el ámbito legal y preparación en el constitucional. No puede ser un abogado”.

Y continuó: "Una vez elegida la primera casa real, se instala el sistema parlamentario, la gente elige a los diputados y después ellos al gobierno. Al primer ministro o primera ministra. Si pasa algo, si el gobierno hace las cosas mal, los legisladores pueden llamar a una moción de censura. Si la opinión pública piensa que el gobierno tiene que cambiar y el parlamento no, bueno el rey puede disolver el parlamento y llamar nuevamente a elecciones para que se forme un nuevo gobierno. Y si la gente no está de acuerdo con el rey, bueno, para eso está la línea de sucesión”.

Ante la pregunta de si quisera ser rey, Mario contestó: "No. Yo me veo con un rol de asesor para organizar el sistema en una parte inicial si se da mientras vivo. Soy un especialista en la filosofía del funcionamiento de la monarquía. Estoy innovando en la teoría de funcionamiento del rol de rey. En breve, este año, vamos a presentar la propuesta ante el Congreso. Sabemos que en el primero momento lo van a rechazar, pero es un gesto político. Yo amo a la Argentina y la Argentina puede tener otro camino. Dentro de este rumbo no hay solución. Lo único que nos queda es más hambre y más problemas. La monarquía es el sistema más eficiente. Y el más barato también".