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Baile, Ramadán y activismo árabe: la historia de una musulmana vecina de Quilmes

Nicolle Aljamal tiene 27 años y vive en cercanías del barrio El Monte. De raíces sirias, asegura que fue muchas veces discriminada por su creencia en el Islam. Hoy, si bien no es ortodoxa, mantiene varias prácticas de su religión y cultura, y las enseña a quienes se muestren interesados.

No es difícil adivinar sus raíces. Nicolle Aljamal (27) difunde en redes sociales todo lo que puede sobre la cultura árabe. De abuelos y madre sirios, se crió bajo la influencia del Islam y hoy, si bien no es ortodoxa, mantiene la práctica de la religión musulmana. Una de las pocas integrantes de una comunidad de la que poco se suele saber en la Argentina.

Oriunda de la ciudad cordobesa de Bell Ville, Nicolle se mudó a Quilmes en 2018. La distancia con su familia también supuso una distancia con la rigurosidad del Islam, que sus padres y abuelos cumplían a rajatabla. Un mandato que ella debía cumplir también, a cualquier costo.

"Sufrí discriminación en el colegio, tuve que ir a un publico ya que los privados eran católicos y para ese entonces que yo era pequeña todavía había monjas en los colegios y era complicado ingresar. Tuve discriminación por parte de vecinos, y no tuve amigas en la infancia hasta la adolescencia cerca de los 18 que decidí dar un paso al costado. Es muy difícil llevar una religión donde no te sentís acompañada, donde la gente te mira raro. Yo estoy muy contenta de la gente que se interesa, pregunta y se adentra en la religión porque no es lo que la gente ve en los noticieros o en las películas, ser musulmán es otra cosa, el islam es algo maravilloso. Y Allah está en nuestro corazón y acciones, es mucho más que una vestimenta", comentó a PPQ.

"Decidí retirarme por completo de la práctica ortodoxa a los 24 años pero aún seguía conservando, como al día de hoy, algunas costumbres religiosas y culturales ya que no practico pero si soy creyente. Sigo prefiriendo elegir vestir trajes largos, a excepción de cuando bailo algún show de danzas árabes. Solo escucho esa música, no consumo carne de cerdo, uso mucho el Narguile para fumar", detalló.

La joven vecina quilmeña aseguro que "la gente en Argentina es muy cerrada a esta cultura" pero igual manifestó que "soy defensora de la cultura y de la religión y llevo en alto las banderas de Siria, Líbano y Palestina".

Cómo parte de ese activismo, Nicolle aprendió a bailar danzas árabes: bellydance y el dabke (folklore sirio-libanés). "Cuando llegué a Buenos Aires los primeros que me abrieron las cuentas fue el Club Libanés de Buenos Aires ubicado en Capital Federal. Bailé en representación de la institución por dos años. También tuve el honor de representar al Líbano y Siria en Ferias de Colectividades de Quilmes", detalló la joven, que trabaja en un restaurante en Avellaneda.

Su práctica del Ramadán

Hasta fines de abril, el mundo árabe celebra el mes del Ramadán, el noveno mes del calendario islámico y en el que los musulmanes cumplen días de riguroso ayuno, reflexión y oración. Es una conmemoración de la primera revelación del profeta Mahoma y uno de los cinco pilares del Islam. 

"El mes de Ramadán es único. Es un mes muy especial donde te replanteás todo lo que hiciste durante todos los meses pasados, sobre lo que vas a querer para tu vida y te hace pensar cuán cerca estás de Allah, te eleva a tu punto máximo como persona y como ser humano. La gente se asusta cuando le decís es un mes de ayuno y dice '¿cómo? ¿No comés por un mes? Y es ahí donde me encanta compartirles un pedacito de mi. Invito a todos a que lean sobre el Ramadán. Es muy buena practica psicológica y físicamente hablando", señaló Nicolle.

Finalmente, cerró: "Hacer el Ramadán en familia es muy bueno porque para cortar el ayuno se realiza el Iftar (romper ayuno, que es la cena nocturna más abundante, dónde se obsequia algo dulce y luego hay mucha comida".